jueves, 11 de octubre de 2012

Dopaje espiritual

No te he visto nunca negativa me dice un amigo. Y pienso: porque no has visto mi blog.

He tratado durante todo este tiempo de mantenerme positiva, de ocupar la mente y hacer lo que este a mi alcance para no volverme loca y querer salir a buscarte entre toda la maldad. Trato de cambiar estos pensamientos positivos que imaginan donde estarás, como estarás y de que manera te trataran. Trato de olvidarme de estos pensamientos hacia mí por no estar contigo, algunos pensamientos que he traído siempre sobre mi. Y bueno, si me han servido.

Me he agararrado de la terapia, los ejercicios, los amigos, la familia, los libros, la meditación, la divinidad, el sacerdote, el amor y todos esos momentos místicos que de repente tengo y voy, pian pianito.

Pero regresar a esa ciudad, recordar los momentos tan dolorosos que tuvimos ahí, pensar qué sufriste, qué lloraste, saber como te dolió que te dijeran aquello y no encontrar nada de lo que fue, me ha tumbado.

El dopaje espiritual que me he construido a veces no es suficiente contra este dolor tan profundo, tan agudo. Es una aspirina para un parto.

Estoy aprendiendo que la injusticia tiene ese tinte, de dolor infinito que a veces se deja drogar, pero que no desaparece. Y aunque yo encontrará a  los culpables y con mis manos les quitara la vida, no me regresarían jamás lo que se me ha quitado, ni resarciría un solo minuto la ausencia que dejaste, que me dejaron.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Un año


Se llego la fecha en que cumpliríamos un año sin saber de ti. Temía al día porque sabía que iba a ser pesado para mi corazón y no solo lo fue, si no que mi cuerpo lo resintió. Un mes de enfermedades, entre infecciones, gripe, dolor muscular y ronchas. “Crisis de sanación” le dicen.

Tal vez de verdad estoy dejándote ir. Lo digo y lo he escrito, te lo escribí en esa carta que enterré en el lugar que elegí para que “descanses” simbólicamente claro. Lo hice con una misa que confirma en voz de alguien más tu eterno descanso. Lo estoy haciendo al tratar de poner en orden mi vida.

Sin embargo hay algo dentro de mi que aún alberga una esperanza… estos sueños tan claros en donde regresas y te veo y te abrazo y te pongo al tanto de todo. Esta añoranza de platicar contigo, de escuchar tu voz ronca, tus consejos y tus chistes. Este sentimiento de que no te has ido, no se si porque te sigo sintiendo en todo o porque mi alma sabe que aquí sigues.

No sé. Tal vez nunca me dejen saberlo. Pero te extraño mami.

Te extraño en la cotidianeidad del día a día, en los momentos especiales como este 15 de septiembre donde tu pavoneabas tu orgullo mexicano. Te extraño para llorar, para pedirte tu opinión, para que te alegres por algún buen acto, para que me pusieras vicks en los pies ahora que me enferme.

Siempre te voy a extrañar, cada año, cada mes, cada día de mi vida.